Diario de un manicomio

*Para celebrar la entrada número 100 de este blog, eh decidido publicar "Diario de un Manicomio" como Dios manda. Esta es la versión final, editada y corregida. Espero que les guste.

Un par de hojas caen. Nubes de formas excéntricas y unos cuantos pajarillos que cruzan la inmensidad del firmamento, bajo el sol frió en una tarde de otoño. Todo el tiempo se detiene junto a un álamo donde pequeños animales escarban en su interior y las aves hacen nidos de lodo, hierbas, ramas secas y saliva.

-No sé. Solo sé que no quiero estar encerrada otra vez.
-Pues entonces, ven. Conozco un lugar donde jamás podrán alcanzarte. Donde podrás jugar para siempre con todos tus amigos.
-¿De verdad? ¿Para siempre?
-Sí, solo debes darme el listón de tu vestido. Anda, ayúdame a pasarlo por esta rama. Deja que su suavidad abrace tu cuello. Déjate caer. ¿Conoces el juego de la confianza? Ese donde te dejas caer de espaldas, mientras otra persona detrás de ti espera para atraparte. Déjate caer, que aquí, yo espero por ti.



6 de junio de 2010
Querido Diario:

El día de hoy unas personas muy lindas, con lindos trajes fueron por mí a mi casa. Me llamaron por mi nombre, aunque no recuerdo exactamente cuál es, pero fue muy bonito el que lo hayan hecho. Lo único que se me hizo raro es que todas las personas fueran vestidas igual y que mi mami se quedara llorando mientras abrazaba a mi papi. Pero me dijeron que íbamos a un lugar muy bonito y que me iban a tratar muy bien, que la comida era riquísima. También dijeron que me iba a poner mejor. Extraño, porque no me siento mal.

Después de viajar en carro por un largo rato, llegamos a un hotel. Me pidieron que me quitara la ropa porque era hora de bañarse. También me dijeron que pusiera todas mis cosas en una cajita, porque las iban a guardar. A lo mejor, es uno de esos hoteles bien seguros, que no quiere que sus clientes corran riesgos.

Una señorita muy delgadita me tomo de la mano y me puso una inyección. Me dijo que eran vitaminas. No sé, pero me dio mucho sueño, y lo único que recuerdo es que cuando me desperté, me encontraba en mi habitación, con ropa limpia y con una pluma bien chistosa que se dobla y una libreta, en ella escribiré mis aventuras en el hotel.

Con amor,
Dany



11 de junio de 2010
Querido Diario:

Los últimos días estuve muy ocupada con unas personas que se llaman "doctores". Ellos piensan que algo está mal conmigo porque me dan pastillas y jarabes y me meten cosas por todos lados. A mí no me gusta eso, pero mi mamá me dijo, que debía de hacer todo lo que me dijeran. Ella sabe lo que es lo mejor para mí.

El hotel es muy bonito. Me dieron un cuarto especial: tiene paredes suaves, donde puedo jugar ¡todo el día! Me aviento de un lado a otro y cuando me canso, puedo tirarme al suelo, ya que éste también es suave. Los “doctores” dicen que es un cuarto acolchado. Además, el comedor -aquí lo llaman "La Nave"- tienen unas mesas grandes, ¡muy grandes!, donde se sienta mucha gente. Mis compañeros siempre son los mismos: un señor que no habla y se golpea la nariz con el tenedor, una chica de como veinte años que puede hablar con los gatos y un anciano que dice que le robaron el alma. Son muy divertidos aunque casi no me hablan. Pienso que es porque soy nueva. Ya se les pasara.

Aun no puedo salir a jugar al patio. Dicen que es peligroso. Puedo herir a alguien. ¿Pero qué puede hacerles una niñita a toda esta gente? Aún no lo entiendo. Algún día me escapare y jugare en el patio con los demás; aunque no veo muchos niños por aquí. Tal vez también estén jugando en sus cuartos especiales.

Bueno, es hora de irme a dormir. Aquí se apagan las luces automáticamente a las nueve de la noche. Todo es tan moderno.

Con amor,
Adri



16 de junio de 2010
Querido Diario:

Últimamente las cosas no han salido muy bien. Uno de esos "doctores" me ha puesto una camisa muy fea. Tiene una mangas muy largas que cuando me la ponen las amarran por atrás y no me deja mover las manos. Creo que se enojaron porque le hice algo al señor que se pegaba con el tenedor. Es que una vez, a la hora de la comida, pasé por entre los barrotes de la puerta siguiendo una de esas mariposas negras, muy grandes, que salen cuando llueve. Así pude salir al patio y el señor del tenedor estaba detrás de mí, siguiéndome a todos lados a donde iba. Eso me dio miedo. Por eso le quite su tenedor y se lo clave en el ojo. Y después me fui corriendo.

Yo creo que eso los hizo enojar.

Con cariño,
Sandy



4 de julio de 2010
Querido Diario:

Después de dos semanas por fin me han dejado salir. Estos malditos “doctores” me encerraron por lo del tenedor. Solamente me daban de comer pan duro y agua. Y me mojaron con una manguera. El agua estaba friísima y yo no tenía ropa. Me puse a llorar y eso no les importo. Me la van a pagar esos "doctores".

Otra cosa que se me hace raro es que mi mami no haya venido a visitarme. Se supone que vendría la semana pasada y ni sus luces. Me da mucho miedo pensar que algo le haya pasado. También extraño mucho a mi papi. Extraño cuando me bañaba y me enjabonaba todo mi cuerpecito. Era nuestro secretito decía. Y luego cuando llegaba mi mamá, corríamos y nos escondíamos. Salía él primero y le decía a mi mami que me estaba buscando. Después me encontraba y nos poníamos a jugar a otras cosas. Era muy lindo.

Con amor,
Mary



8 de julio de 2010
Querido Diario:

Al fin mi mami me ha visitado. Me ha dicho que no venía porque me había portado mal. Eso no lo creo, lo único que hice fue defenderme, además ellos son los que me mojaron. Me siento cada día más sola pero dice mi mami que es por mi bien. Quisiera salir de aquí. Quisiera escapar y volver a jugar con los duendes que rodean la casa. Volver a tomar el viejo cuchillo de caza de papá y rasgarme los vestidos. Quisiera dormir en el pasto, sentarme en las piedras llenas de musgo, jugar con mi viejo labrador, abrirle el pecho para ver su corazón latir, es tan bonito el color rojo de su sangre llenándome las manos, ir corriendo con mi familia y llevarles la caja de los secretos de los perros, verlos llorar –supongo que de felicidad- para que me tomen de la mano, me limpien y estén todo el día conmigo, viéndome a cada instante y buscándome cuando no me ven. Quisiera salir de aquí.

Con amor,
Angie



13 de agosto de 2010
Querido Diario:

Hace tiempo que no te cuento mis aventuras. Perdóname, no es mi culpa, todo es por culpa de los “doctores”. Se creen muy listos, lograron encerrarme en un cuarto muy feo, donde no hay luz y el suelo es muy frío. Pero no contaban con que yo soy más lista y tengo a mis amigos, quienes siempre me dicen que hacer. Así que, cuando me sacaron a bañar, empuje muy fuerte a uno de los que me encerraron y eche a correr. ¡Ja! Soy muy rápida. Me metí a la cocina y me escondí junto con los costales de azúcar. ¡Azúcar! ¿Puedes imaginarte? Costales llenos de azúcar ¡solo para mí! Me quede muy quietecita, para que nadie pudiera oírme. Ya cuando se hizo noche, salí muy despacito, de puntitas, sin hacer ruido. Llene mis bolsas con tres grandes puños de azúcar y salí de ese lugar. Hubieras visto, querido diario, todo lo que tuve que hacer para que no me vieran. Me escondía en cada rincón, me hacía chiquita en las sombras, me tapaba la boca al respirar. Ya cuando estaba a punto de salir, uno de los “doctores” me vio. Pero me le aventé y lo arroje por las escaleras. ¡Se veía tan gracioso al caer! ¡Y me dio tanta risa al escuchar su cuello quebrarse! Creo que mataría por volver a oír ese sonido. De ahí me fui a mi cuarto, para poder sacarte a ti y a mi osito de peluche.

Después me hice flaquita y pase por entre las rejas de la verja. Corrí y corrí hasta que mis piernitas me tiraron del cansancio. Me senté a la sombra de este gran árbol, donde mi osito nuevamente me habló, como antes lo hacía, antes de llegar al hotel. Jugamos un largo rato, jugamos a las escondidas, a atraparnos, cogimos mariposas, vimos mi sangre manchar mi vestido al cortarme las piernas, comimos azúcar.

Me voy, querido diario, que mi osito quiere jugar nuevamente, dice que jugaremos algo nuevo, algo que se llama “confianza”.

Con amor,
Clara



20 de noviembre de 2010
Querido Diario:

Parece ser que esta es la última vez que te cuento. Es raro, vi a una niña que se parecía mucho a mí, tendida en una plancha de metal. Al parecer mis papis la conocían porque se la pasaron llorando a un lado de ella. Pobre niña.

Otra cosa extraña es que cuando les hable no me hicieron caso. Les hable y les hable y nunca voltearon a verme. Tal vez estaban tristes por la niña. Pero eso no los justifica.

Al parecer los “doctores” me hicieron algo. Me dieron súper poderes. Ahora puedo pasar entre las paredes y nadie me dice nada, Además puedo ser invisible ya que nadie me ve. Imagínate todo lo que puedo hacer. Correr y jugar en los grandes jardines del hotel, entrar a los cuartos de los demás y espantarlos. Jugaremos a que los asfixio con una almohada como hacía con mi primo. Lástima que tuvo que irse al cielo, me dijeron mis papas. Será muy divertido. Además ya no necesito dormir, ni comer, ni beber. Solo que me siento vacía. No me gusta sentirme vacía.

Por cierto, cuando vea a mis papis les preguntare por la niña. Creo que se llamaba Alicia.

Con amor y hasta siempre.



Las fuertes ramas detienen el peso de una cuerda tensa, que abraza el cuello de una niña de edad indefinida que se balancea de forma rítmica y pausada, como si bailara un vals. Se ve la expresión de ternura y maldad en su rostro, saludando a la muerte que lentamente ha llegado ante ella. Solo el tiempo muere y la arrastra consigo.

Su mano sostiene un pedazo de papel. Manchado por tinta, sangre y lágrimas, muestra una caligrafía dulce marcada por fuertes trazos de odio. Odio ante sí misma por no entender que Dios la ha hecho diferente. Diferente ante un mundo que no la entiende como es. Diferente porque prefiere jugar todo el día, soñar, imaginar, manipular. No puede pensar en otra cosa. Se siente vacía, en un lugar al que no pertenece. Las líneas no se entienden, no muestran más que frustración en frases cortas, ¡te odio!, ¿por qué me dejaste?, ¡perdóname! Y la única que tiene algo de sentido tiene tres palabras: ¡No estoy loca!


Pasaron los días y ella sigue en su sitio. Nadie reparó en el alma perturbada que ha desaparecido. Siempre olvidada, siempre atrás de los demás. Ni su nombre sabía, no recordaba cual era, prefirió olvidarlo. Se autonombraba con aquellos que su padre decía a cada mujer que pasaba a la recámara principal. Para después jugar con ella en el baño, antes de que mamá llegara. Días de dolor en el bajo vientre. Sangre. Vergüenza. Con una imaginación que alimenta pervertidos juegos retorcidos en un cuerpo que no es el de ella. Y al final, ha quedado sola como siempre. Atada a un árbol, donde los pajarillos anidan y los animales buscan refugio.




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